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Posts Tagged ‘fotoperiodismo’

Roberto Araoz es sin duda un prototipo de loco por el instante. Estudiante de Periodismo y Comunicación Audiovisual en la Universidad Carlos III de Madrid, cultiva la fotografía desde hace varios años, y en su camino ha obtenido reconocimientos de renombre dentro del panorama nacional, entre los que destacan el premio de fotografía de El País (EP3) en 2006, la final de Fototalentos 2008 o el primer premio de Fotoactívate 2008. Siempre con su cámara a la espalda, asegura que lo más importante para conseguir una buena instantánea es precisamente eso: llevar la cámara encima y estar atento a lo que sucede. En la actualidad, ejerce como fotógrafo profesional en la cobertura de conciertos y eventos deportivos, aunque sin descuidar en ningún momento la vertiente creativa que siempre le ha caracterizado.
 
 
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Pregunta. Nos encontramos en una época de fuertes cambios tecnológicos. En el caso de la fotografía, la principal novedad ha sido el salto del analógico al digital, ¿qué ha cambiado exactamente?

Respuesta. Ha cambiado todo. Sobre todo, ha acercado la fotografía al gran público, con sus consecuencias positivas y negativas. Ahora mismo la fotografía es algo mucho más accesible. Cualquiera puede hacer una foto, y esto es espectacular pero, a su vez, ha minimizado el valor intrínseco de la imagen, de la instantánea.

P. ¿Podemos hablar entonces de una democratización de la fotografía ?

R. Sin ninguna duda. Muchos fotógrafos tienen un cierto temor a este proceso,  por una cuestión de incremento de la competencia, evidentemente. Pero yo creo que es enormemente enriquecedor, ya que este salto tecnológico posibilita el acercamiento de muchísima gente nueva a la fotografía. De hecho, yo llegué a este mundillo de la mano de una compacta digital, para hacer el proceso inverso y terminar años más tarde utilizando también cámaras analógicas.

P. Las herramientas de edición de imágenes han revolucionado por completo la disciplina, de manera que las posibilidades de modificar la toma inicial son cada vez mayores. ¿En qué medida eres partidario de utilizar estos programas? 

R. Yo utilizo Photoshop. A veces más y a veces menos. Lo utilizo en la misma medida en que años atrás se utilizaba el laboratorio cuando se positivaban las imágenes. La diferencia es que ahora es muchísimo más sencillo, rápido y eficiente. No tiene sentido cerrar las puertas al progreso y refugiarse en el pasado. La era digital de la fotografía abierto muchas puertas, ¿por qué no aprovechar eso?

 

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Roberto Araoz desarrolla al máximo su creatividad artísitica cuando viaja. / Autor: Roberto Araoz

 

P. La generalización del fotoperiodismo revolucionó en su momento el mercado de la prensa. ¿Crees que se está produciendo un retroceso en este sentido? 

R. Los fotoperiodistas lo están pasando muy mal. Estamos ante una coyuntura en la que reducir costes es primordial y los redactores multitarea se están comiendo el terreno. Lo que pasa es que muchas veces se infravalora el fotoperiodismo. Hemos llegado a ver incluso la publicación de fotografías tomadas con móviles en publicaciones “serias”. Hay en este sentido ese retroceso del que hablas. El fotoperiodismo como una disciplina pura y dura se está desdibujando.

P. Bresson, Levitt, Seymour, son nombres que cada vez suenan menos en las facultades de periodismo, ¿crees que tiene suficiente peso esta disciplina en nuestra licenciatura?

R. Sin duda me gustaría que tuviese más peso, pero a una licenciatura de periodismo no se le puede pedir todo. El fotoperiodismo se aprende en la calle.

P. En cualquier caso, ¿se ofrece a los alumnos las herramientas necesarias para aproximarse al mundo de la fotografía?

R. En teoría sí. En la universidad hay cámaras disponibles para el préstamo a los alumnos, aunque con ciertas restricciones. Pero lo cierto es que la aproximación a la fotografía es algo que tiene que venir de uno mismo.

 

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Las fotografías de Araoz han recibido múltiples reconocimientos. / Autor: Roberto Araoz

 

P. Hablemos un poco de tí. Tengo entendido que varias de tus fotografías han sido premiadas en certámenes. ¿Algún reconocimiento que te haya hecho especial ilusión?

R. Todos han sido motivo de alegría. Quizás el que más disfruté fue uno que no gané: Fototalentos 2008. Fui finalista y la fotografía que presenté formó parte de una exposición itinerante, a la vez que se publicó en un libro. En el acto de presentación me di cuenta de la maginutd de aquel concurso. Entre los finalistas había 16 nacionalidades diferentes.

P. ¿Y tus primeros pasos en esta disciplina?  

R. Horrorosos. Mi primera cámara terminó en el fondo de un río en Ávila y la segunda tampoco tuvo mucha mejor suerte. Además, recuerdo que me gustaba mucho hacer fotos de atardeceres y me parecían espectaculares. Hoy las veo y sé que de espectaculares tienen más bien poco. En este sentido, la fotografía es una disciplina en la cual nunca dejás de crecer. Cuando creés que has conseguido algo, eventualmente te das cuenta de que seguís dando ese primer paso. 

P. La mayoría de los fotógrafos son autodidactas, ¿es tu caso también?

R. Más que autodidacta,  yo diría que he tenido a lo largo de estos años muchísimos profesores. No sólo en algún curso que otro, sino también en Bresson, Chema Madoz o García Alix, y un largísimo etc. Ver mucha fotografía, muchos estilos diferentes y aprender a interiorizar todo ello es fundamental para adquirir una cultura visual sólida.

P. ¿Qué es más importante, el dominio técnico de la cámara fotográfica, o el ingenio a la hora de elegir la toma precisa? 

R. Lo más importante es hacer la fotografía. Tener la cámara encima. Después, saber elegir el momento preciso, y por último, dominar la técnica. Pero por supuesto… todo esto es complementario. No vale lo uno sin lo otro.

P. Ya para terminar, dime: ¿pasa tu futuro profesional por la fotografía?

R. Si con dedicarse de manera profesional te refieres a cobrar por mi trabajo, entonces ya me dedico de manera “profesional” a la fotografía. En el campo artístico y en el meramente práctico también. Si te refieres a dedicar toda mi vida a ello… estoy seguro de que la fotografía, de una manera u otra, me va a acompañar durante toda mi vida.

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Dos exposiciones simultáneas recogen la esencia de Nueva York en la Fundación Telefónica y La Casa Encendida, de la mano de varios de los fotógrafos más prestigiosos del siglo XX

 

Durante el verano, la ducha colectiva, Lower East Side, 1937. / Fuente: elmundo.es

Durante el verano, la ducha colectiva, Lower East Side, 1937. / Fuente: elmundo.es

 

Casualidad o no, lo cierto es que Nueva York nunca había estado tan al alcance de los madrileños. La ciudad de los rascacielos es una de las más fotografiadas del mundo, y es precisamente ahora cuando muchas de esas instantáneas llegan a Madrid, de la mano de la Fundación Telefónica y Caja Madrid.

 

En las instalaciones que tiene la Fundación Telefónica en la Gran Vía de la capital, se puede ver desde el pasado cinco de marzo una selección de fotografías que recogen la trayectoria del que para muchos es el mejor fotoperiodista de la historia: Arthur Fellig, más conocido como Weegee. El fotógrafo neoyorquino, polaco de nacimiento, reflejó como nadie la realidad social de la ciudad durante las décadas de los 30 y los 40. Su fotografía, siempre ligada a su profesión de fotoperiodista, refleja sin tapujos una sociedad contradictoria, diversa y antagónica. Posiblemente sería un error considerar que las fotografías de Weegee constituyen un elemento de crítica social, como afirma Peio H. Riaño en un artículo escrito para el diario Público. En realidad, cualquiera que se haya acercado o se acerque a la exposición en los próximos días comprobará como el objetivo de su cámara se fijó en todo tipo de cuestiones, de diversa índole, proporcionando seguramente el retrato más verídico posible de cuantos se hayan hecho de la ciudad. En el Nueva York de Weegee había circo e incendios, robos y espectáculo, ópera y alcohol. Había amor sincero, había pasión, fiesta y jolgorio. Pero también había desgracias, accidentes y asesinatos.

 

Los años gloriosos de Weegee comienzan en realidad a mediados de la década de los 30 cuando, harto de su anonimato, comenzó a ejercer como periodista freelance. Poco a poco, su fotografía descarada y atrevida, así como su capacidad para llegar antes que nadie al lugar de los acontecimientos, le fue proporcionando fama en el entorno de la ciudad, y años más tarde la policía le concedería el privilegio de instalar una de sus radios en el coche con el fin de que estuviera al tanto de todo lo que sucedía en la ciudad. Su indiscreción le llevó a fotografiar aquello que los demás no se atrevía a captar. Parejas desinhibidas besándose en el cine, reacciones de horror ante la escena de un crimen o, en la esfera del sarcasmo, el letrero que reza “simplemente añada agua hirviendo” en la fachada de un edificio en llamas. Faldas más cortas de la cuenta, despistes y posados intencionados, completan el retrato del Nueva York más humano, aquel que solo Weegee supo captar, en parte por su descaro pero, sobre todo, por su capacidad única pera encontrar la esencia última de cada instante.

 

 

Vídeo promocional de la exposición ‘Retratos de Nueva York: Fotografías del MoMA’ / Duración: 1’07”

 

‘Retratos de Nueva York’ en La Casa Encendida

Si con la visita a la exposición ‘Weegee’s New York‘ uno ya se puede hacer una idea más o menos completa del día a día de la ciudad de mediados del siglo XX, la propuesta de la Fundación Caja Madrid en La Casa Encendida completa el cuadro definitivamente. En ‘Retratos de Nueva York: Fotografías del MoMA’ se pueden ver, hasta el próximo 14 de junio, una recopilación de obras de más de 90 autores, siempre con la ciudad como elemento de fondo. La exposición, coordinada por el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA) [En inglés], incluye instantáneas de artistas de la talla de Walter Evans, Lee Friedlander, Henri Cartier-Breson o la recientemente fallecida Helen Levitt. Todos ellos fueron testigos directos de la evolución de la ciudad a lo largo del siglo XX y ahora, por unos meses, podemos disfrutar de su obra en Madrid, acercándonos una ciudad y un tiempo que, a la mayoría, no nos ha tocado vivir.

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