Hoy me han querido convencer de que el problema del periodismo es Internet. Han intentado explicarme que el periodismo de calidad agoniza por culpa de las nuevas tecnologías; que los twitters, facebooks, foros y demás herramientas son los verdaderos rivales del periodismo. Y me ha querido convencer de ello un periodista. Un periodista del siglo XX.
Vayamos por partes. Que todo el mundo hoy en día puede comunicarse con mucha más facilidad que hace unas décadas nadie lo discute. Que las nuevas herramientas permiten flujos de información desconocidos hasta ahora tampoco. Pero de ahí a que esto suponga un lastre para el periodismo hay un trecho. Eso es una oportunidad y, como tal, hay que saber aprovecharla. Ahogar nuestras miserias culpando a otros de las mismas no es el camino. Internet es el futuro y, en ese terreno de juego, es dónde tenemos que encontrar nuestras oportunidades. Algo que, en definitiva, nos haga diferentes y, sobre todo, mejores comunicadores; porque eso es lo que somos, comunicadores, y eso es lo que sabemos hacer mejor que nadie, aunque todo el mundo sea capaz de hacerlo.
La persona que trató de convencerme de semejante despropósito puso como ejemplo a los ingenieros: “nadie más que un ingeniero puede planificar obras de ingeniería”, afirmó. Sí, es un buen ejemplo, como también lo sería un médico, un cirujano o un piloto de avión. Pero, sinceramente, la necesidad de comunicarse está en la raíz misma de la naturaleza humana y ahí, en realidad, poco ha tenido que ver Internet. También comemos, y no todos somos catadores profesionales; y cocinamos, aunque seguramente muy pocos de los que están leyendo este artículo en este momento tienen una Estrella Michelín. Vamos a ver dónde está el verdadero problema.
Desde hace años, el periodismo se ha insertado dentro de una lógica empresarial. Una lógica empresarial que, como tal, tiene un principio fundamental: la maximización de beneficios. Y en ese contexto es dónde tenemos que buscar los verdaderos problemas del periodismo. Un periodismo que se preocupa más por llegar antes, que por llegar mejor, no es periodismo. Un periodismo que se preocupa más de transmitir muchos mensajes, que de transmitirlos de una manera elaborada, tampoco es periodismo. Un periodismo que opta antes por temas interesantes que por los temas importantes, no es periodismo. Y ahí es donde encontramos la competencia. Ahí, en el periodismo basura, en el periodismo poco elaborado; periodismo sencillo, de titulares impactantes, de lectura rápida y de contextualización nula. Periodismo basado en la inmediatez, en la devaluación de contenidos y de comentarios, en la especulación y la rumorología. Periodismo, como he dicho, basura.
Ése es el periodismo que cualquier usuario de internet puede hacer. Esa es la comunicación que cualquier persona no profesional puede llevar a cabo. Lo que no es tan sencillo es contextualizar los hechos; ni jerarquizar la información, ni interpretar la realidad de manera coherente y sosegada. No es menos complicado titular de manera directa, sencilla y eficaz. Sintetizar los hechos, separar la paja del grano, encontrar los matices relevantes de la realidad. Lo difícil es hacer comunicación de calidad; y ahí, exclusivamente ahí, es donde tenemos que buscar nuestro nicho y revalorizar nuestra profesión.
Cuatro años de estudios superiores son suficientes para convertirnos en grandes comunicadores. Esto es una profesión con unas normas, con unos problemas éticos, una deontología y unas pautas a seguir. Aquél que piense que cualquiera está capacitado para escribir con criterios periodísticos sin ningún tipo de formación está equivocado. Habrá una, o dos, o tres personas que, por lo que sea, tienen una capacidad especial. Pero no es lo normal. Un periodismo de calidad es posible con el esfuerzo de todos. Con el compromiso, en primer lugar, de los grandes grupos de comunicación, que han de buscar, en los contenidos de calidad, su oportunidad de negocio. Cuando la comunicación se hace masiva es cuando, más que nunca, la comunicación de calidad constituye un elemento diferenciador. Para ello hacen falta ganas, tiempo, y dinero. Plantillas de calidad, compuestas exclusivamente por licenciados, en las que los contenidos se elaboren de manera pausada, reflexiva y coherente. Hace falta interpretación, contextualización y razonamiento. La gente tiene mucha información pero, desgraciadamente, cada vez tiene más sed de conocimiento. Para eso, para generar conocimiento, está la comunicación responsable y de calidad. No busquemos los problemas fuera porque, en realidad, están mucho más cerca de lo que pensamos.
Difícil añadir algo a tu brillante comentario. Que el Periodismo no vive un buen momento, eso está claro.
Yo no veo tanto el problema en formar redacciones de periodistas licenciados -que también- sino en acabar con ese objetivo brillante empresarialmente, pero torpe en lo profesional del periodista orquesta, del periodista que sabe de todo y, en el fondo, no sabe lo que dice.